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  • Abraham Mariscal Romero

¿Y si el salón de clases fuera testigo de tus enseñanzas?


En esta entrada quisiera compartirles una de las reseñas que me gusta escribir cuando estoy en mis ratos de reflexión, las cuales escribo para descubrir y darle significado a los aprendizajes del día a día. La comparto con el fin de causar reflexión, provocar motivación y comprender y desmenuzar nuestra labor como profesores... ¿Y qué pasaría si nuestro salón de clases fuera testigo de nuestra práctica educativa?


Había una vez un salón de clases que se preparaba para recibir un nuevo ciclo escolar y nuevos alumnos. El salón de clases se dijo así mismo: - ¡Que flojera, de nuevo otro ciclo aburrido, de nuevo el mismo profesor conformista, de nuevo otras actividades sin creatividad ni emoción y de nuevo, otros alumnos sin talentos!


En ese momento el salón de clases se sorprendió al ver que un profesor que nunca había visto estaba entrando por su puerta, no era el mismo de antes, aquel profesor que llevaba 10 años dando clases en esa misma aula, año tras año.


Desde el primer momento que el profesor entró a ese salón, el salón de clases supo que por fin sería algo diferente a los años pasados. El profesor llegó 40 minutos antes de su clase, se presentó con bastante seguridad, demostrando que sabía qué era lo que tenía que hacer, se encomendó a Dios, organizó su espacio de trabajo, arregló las actividades de cada alumno en su lugar y cuando llegaron todos los alumnos los recibió con una sonrisa y un gafete personalizado haciendo alusión a que ellos eran unos superhéroes. El profesor previamente se había dado a la tarea de investigar e identificar los gustos e intereses de los alumnos, ya que durante su clase iban a hablar sobre esos temas e iba a preparar los proyectos relacionados a los intereses de los alumnos.


Pasaron los días y las clases, cada vez el profesor disfrutaba más y más su profesión, los alumnos se daban cuenta de esto y se contagiaban de esta emoción. Cada clase era muy activa, creativa y dinámica, no importaba el tema, el profesor siempre tenía una sorpresa que dar. Los alumnos que eran analíticos hasta los que eran kinestésicos disfrutaban ir a la escuela, había un ambiente de confianza, de respeto, de felicidad y de responsabilidad.


El profesor se daba tiempo de atender de forma personalizada a cada alumno, identificaba sus áreas de oportunidad y las trabajaba en lo particular. A diferencia de otros años la evaluación no era lo primordial, sino que cada alumno de acuerdo a sus características sería evaluado a través de productos y proyectos, con el fin de demostrar y evidenciar sus aprendizajes. La imaginación, el arte, la creación y el trabajo en equipo era lo que caracterizaba ese salón de clases.


Poco a poco el salón de clases comenzó a tomar color, se comenzó a llenar de trabajos, de exposiciones y de risas. Ya no fallaban las conexiones de internet, del proyector y la pintura se mantuvo en perfecto estado durante todo el año escolar, pareciendo que el salón de clases también estaba feliz de lo que estaba pasando dentro de él.


Al término del ciclo escolar los alumnos tuvieron que avanzar de año, eso no evitó que los alumnos cada cierto tiempo visitaran ese salón de clases donde se crearon bastantes historias y experiencias maravillosas. También, durante los próximos años no se repetía la historia, cada ciclo el profesor era consciente que tenía nuevos alumnos, nuevas personas y nuevos retos por delante para que sus alumnos fueran mejores ciudadanos y a su vez, ayudarán a mantener con sus sonrisas a aquel salón de clases que era testigo de cada una de las experiencias de aprendizaje que se suscitaban dentro de sus muros. FIN.


A la reflexión que me lleva esta reseña son variadas:

  1. Siempre tener algo nuevo que dar: Esto lo conseguiremos siempre y cuando nos estemos actualizando, crear nuevas y atractivas experiencias de aprendizaje harán que tus alumnos y tú disfruten cada minuto.

  2. Hacer la diferencia: Hoy en día estamos en clases virtuales, pero ¿por qué no? comenzar nuestra clase siempre con algo diferente; un vídeo, una canción, un disfraz, un recorrido virtual, un rap, llevando una mascota, presentando un experimento, mostrando fotografías, leyendo un cuento, etc. Iniciar nuestras clases siempre con algo diferente hará que tus clases y tú como profesor hagan la diferencia entre todos los demás. Además, contagiarás a tus colegas y ellos querrán hacer las cosas con la misma creatividad y dinamismo.

  3. No caer en la monotonía: Esto es un vicio por el que atravesamos los profesores, mientras más años pasan de docencia nuestra energía, ideas y emoción decaen. No olvidemos que cada año llegan nuevas personas, nuevas vidas, nuevas mentes y nuevos mundos. Jamás un alumno será igual a otro, cada uno tiene su particularidad, su realidad y sus propios talentos, es por que cada año tenemos la misma gran responsabilidad de educar.

  4. Disfrutar cada experiencia: Trabaja como si el aula de clases dependiera de tus clases para mantenerse en pie. Disfruta tus logros que como profesor y persona vayas teniendo, dar clases todos los días no es un logro. Supera tus propias expectativas, busca llamar la atención de los demás, crea cosas por tu cuenta, busca impactar de forma macro a las personas. Siendo feliz y haciendo felices a las personas se abrirán nuevas oportunidades para ti, más allá de dar una clase.


Espero te haya gustado esta corta reseña y haya causado un impacto positivo en ti. Si en lo particular causó algo diferente en ti a lo que mencioné anteriormente, nos puedes contactar y contarnos tus experiencias, no sólo de esta entrada, sino, de las otras más que se han publicado en nuestro sitio y ser más un Proffecool y poder contagiar a más profesores de todo el mundo.


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